LAS GUERRAS MÉDICAS (Cuarta Parte)

El rey espartano Leónidas en las Termópilas.

“EL DESFILADERO DE LAS TERMÓPILAS).-

Los 300 hoplitas, formaban una falange, presentando un muro de bronce y hierro con el objetivo de detener a los enemigos en la lucha cuerpo a cuerpo.

Las técnicas persas se basaban en una infantería ligera, sin corazas y con armas arrojadizas, eran los llamados “inmortales”, soldados de infantería pesada que constituían la guardia personal del rey persa.

Sin embargo, en aquel desfiladero tan estrecho los persas no podían usar su famosa caballería, y su superioridad numérica quedaba bloqueada pues sus lanzas eran más cortas que las griegas. La estrechez del paso les hacía combatir con similar número de efectivos en cada oleado persa, por lo que no les quedó más opción que replegarse después de dos días de batalla.

Pero ocurrió que un traidor, llamado Efialtes, condujo a Jerjes a través de los bosques para llegar por la retaguardia a la salida de las Termópilas. La protección del camino había sido encomendada a 1,000 fociditos, que tenían excelentes posiciones defensivas, pero estos se acobardaron ante el avance persa y huyeron. Al conocer la noticia, algunos griegos hicieron ver lo inútil de la situación para evitar una matanza, decidiendo entonces Leonidas dejar partir a los que quisieran marcharse, quedando él, su ejército de 300 espartanos y 700 hoplitas de Tespias (ciudad de Beocia, al pie del Monte Helicón) firmes en sus puestos.

Atacados por el frente y la espalda los espartanos y los tespias sucumbieron después de haber aniquilado a 10,000 persas. Posteriormente se levantaría en este lugar una inscripción (Herodoto VII 228) que dice así: “Extranjero, informa a los espartanos que aquí yacemos obedeciendo sus órdenes” y en otra lápida dice:

Extranjero, si vas a Esparta, diles que aquí morimos 300 hoplitas por su libertad. Leónidas.

 

“SALAMINA”

 

Con el paso de las Termópilas franco, toda la Grecia central estaba los pies del rey persa. Tras la derrota de Leonidas, la flota griega abandonó sus posiciones en Eubea y evacuó Atenas, buscando refugio para las mujeres y los niños en la cercanía de la isla De Salamina. Desde ese lugar presenciaron el saqueo e incendio de la acrópolis por las tropas dirigidas por Mardonio.

A pesar de ello Temistocles aun tenía un plan: Atraer a la flota persa y entablar batalla en Salamina con una estrategia que lograría vencerlos. Se cuenta que Temistocles mandó a su esclavo Ricino (o el eunuco Arnaces, según la fuente) haciéndose pasar por traidor ante el rey persa, contándole que parte de la armada griega  escaparía de la noche, incitando de este modo a Jerjes para que dividiera su flota enviando parte de ella a cerrar el canal por el otro lado, pero no está comprobado.

Lo cierto es que Jerjes decidió entablar combate naval, utilizando un gran número de barcos, muchos de ellos de sus súbditos fenicios.

Sin embargo la flota persa no tenía coordinación al atacar, mientras que los griegos tenían perfilada su estrategia. Sus alas envolverían a los navíos persas y los empujarían unos contra otros para privarlos de movimiento.

Su plan resultó, y el caos cundió en la flota persa, con nefastos resultados; sus barcos se obstaculizaron y chocaron entre si, yéndose a pique muchos de ellos, y contando además con que los persas no eran buenos nadadores, mientras que los griegos al caer al mar podían nadar hasta la playa.

La noche puso fin al combate, tras el cual se retiró destruida la otrora poderosa armada persa, Jerjes presenció impotente la batalla, desde lo alto de una colina.

Los helenos sabían que cuando llega la hora del combate, ni el número, ni la majestad de los barcos, ni los gritos de guerra de los bárbaros, pueden atemorizar a los hombres que saben defenderse cuerpo a cuerpo y tienen el valor de atacar al enemigo.

Yo espero que les haya agradado este relato de la historia. Ing. Ricardo Vidal Manzo

 

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