“LOS CAZADORES DE MICROBIOS” (Primera Parte)

“Antonio Van Leeuwenhoek”

Hace doscientos años que un tal Leeuwenhoek fue el primero en a un mundo nuevo, poblado de millares de especies  diferentes de eres pequeñísimos, ya feroces y aún mortíferos, ya útiles, solícitos y hasta indispensables para muchos ramos de la industria, que enriquece al hombre; un mundo cuyo conocimiento es, en definitiva, más importante para el verdadero bienestar de la estirpe humana que cualquier continente o archipiélago que aquel holandés hubiera podido descubrir.

Ningún científico, historiador, evoca o ha evocado la figura de Leeuwenhoek, que es ahora tan desconocida como lo eran los fantásticos diminutos animales y plantas en la época en que él afirmó haberlos visto. Y es digno nuestro personaje  de ser glorificado por toda la humanidad porque su vida fue una lucha  única, tenaz, contra las mayores dificultades. Llevado por el afán de revelar el misterio de ciertos milagros, se atrevió a penetrar en las regiones habitadas por enemigos alevosísimos. Y el mismo anhelo movió a todos los que, después de él, se apasionaron por la caza arriesgada y fatigosa de nuevas especies de microbios. Estos cazadores no vacilan en jugársela vida  a cada momento por conocer a aquellos seres mortíferos; los persiguen hasta sus guaridas más recónditas, y nos dibujan un mapa cada vez más completo del mundo que los mortales no alcanzamos a ver a simple vista. En nombre de la humanidad estos hombres atrevidos desafían  a la muerte, sufriendo infinidad de decepciones  otras veces han triunfado, las más solo después de ensayos repetidos y perfeccionados durante años y décadas enteras. ¿Cuántos murieron  prematuramente en manos de los asesinos invisibles sin que la humanidad llegara a saber  de estos luchadores callados?

Van Leeuwenhoek nació el deseo  de hacer investigaciones, la investigación científica, aún no había llegado a ser una “profesión.”Hoy día los hombres de ciencia constituyen un prestigioso elemento de la sociedad; tienen sus laboratorios  en todas las grandes ciudades, y sus proezas aparecen en primera plana de los diarios.

Antonio van Leeuwenhock nació en 1632, en Delft, la ciudad de los molinos de viento azules de las casas bajas y de los grandes canales. Descendía de una familia muy respetable de fabricantes de cestos y de cerveza, y éstos últimos son respetados aún en la Holanda de hoy.

A los 16 años, dejó los estudios y entró de aprendiz en una tienda de Ámsterdam. Esta fue su Universidad, adquirió sus conocimientos científicos  entre paraguas y piezas de tela. Durante 6 años tuvo que aguantarse oyendo el tintineo de la caja registradora. Y en esas “universidad” se formó uno de los más insignes experimentadores de la ciencia del siglo XVII.A la edad de 21, volvió a Delft, se casó y abrió por su cuenta una tienda de telas. Muy poco se sabe de él durante los próximos 20 años, Durante ese periodo fue nombrado conserje de la Casa Consistorial de Delft y se le despertó una extraña afición a tallar lentes; había oído decir que fabricando  lentes de un trozo de cristal transparente, se podrían ver las cosas a través de tales lupas, mucho mayores de lo que parecen a simple vista. Poco se sabe de la vida de Leeuwenhock entre los 20 y los 40 años, pero fue una suerte párale, porque aislado de toda la charlatanería docta de su tiempo, no tuvo otro guía que sus propios ojos, sus propias reflexiones y su propio criterio. Visitó las tiendas de ópticas  y aprendió los rudimentos necesarios para tallar lentes; frecuentó el traro con alquimistas y boticarios, curioseó sus métodos secretos de obtener metales de los minerales y se inició en el arte de los orfebres. Era un hombre lo más meticuloso, no se contentaba que las lentes hechas por él, fueran tan buenas como las mejores trabajadas en Holanda, sino que había de superar a las mejores y aún después de haberlo conseguido se pasaba horas y horas dándoles mil vueltas. Después montó sus lentes sobre cuadriláteros de oro, plata o cobre y así, Leeuwenhock fue el creador del “Microscopio” con ellos, estuvo observando toda clase de bichos (microbios) en toda clase de elementos, agua, tierra, sangre, lana etc. y dio a conocer a la Sociedad Científica de Inglaterra todos sus hallazgos. Al principio lo juzgaron como un loco, pero poco a poco, otros científicos como Robert Boyle, Isaac Newton, reconocieron el valor de los descubrimientos. Leeuwenhock, había sorprendido un mundo fantástico de seres subdivisibles, criaturas que habían vivido, se habían multiplicado, habían batallado, habían muerto, ocultas por completo a todos los hombres desde el principio de los tiempos; seres de una casta que destruye y aniquila razas enteras de hombres diez millones de veces más grandes que ellos mismos. Este es el mundo fantástico, fabuloso al que Leeuwenhoek, entre todos los hombres de todos los países fue el primero en asomarse. Más tarde la Real Sociedad lo nombró miembro Honorario y le mandó un Diploma de socio en una caja de plata  en cuya tapa iban gravados los emblemas de la sociedad. Dentro de la ciencia, Leeuwenhock, fue un hombre que sin ser un científico, legó a la humanidad, uno de los instrumentos maravillosos que han sido tan útiles y beneficiosos para el hombre. Ing. R. Vidal M.

 

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