Fútbol ausente, ESE OLOR A PASTO, LA ADRENALINA

Por Salas Bernáldez

Hace unos días me contactó vía telefónica un jugador para preguntarme por el próximo partido, obviamente no enterado de las disposiciones del gobierno mexicano de suspender toda actividad deportiva por las causas que conocemos y resentimos todos.
Al comunicarle que todos los campeonatos amateurs y profesionales estaban parados hasta nuevo aviso, sentí a la distancia su desilusión.
Para los niños y jóvenes sobre todo no jugar el sábado o domingo equivale a una tragedia social difícil de asimilar.
Imagínese amigo lector para quienes tenemos una vida en la Crónica Deportiva.
En este caso particular el fútbol ha sido parte de mi vida diaria desde hace 40 años.
Día a día, durante los torneos y cuando éstos se terminan analizando y publicando los preparativos del siguiente.
Se extraña el olor a pasto, la pasión y la tensa sensación de convivir con un fenómeno social cambiante en sus formas pese a su marco competitivo establecido.
Partidos diferentes, circunstancias diferentes y resultados no escritos.
Alegrías y tristezas.
Fuego en las venas pues el comunicador deportivo no es ajeno, insensible a esa pasión.
Dicen que en el fútbol ya nadie descubre el hilo negro, pero yo digo que si bien ya todo está inventado este deporte no deja de ser una actividad humana, viva y por lo mismo impredecible, gracias a Dios.
Pero la vida nos da un jalón de vez en cuando y nos recuerda lo frágiles que somos ante el poder de Dios, cualquiera que sea nuestra interpretación y creencia religiosa.
Son altos en el camino para reflexionar y darle valor a otros aspectos.
Pareciera difícil de aceptar para muchos, pero para quienes por razones de trabajo estamos a unos metros de la acción en cancha, el paro obligado nos afecta porque es un modo de vida, no tanto de subsistencia (que también aplica su rigor) sino como alimento espiritual.
Después de todo en esta cada quien tiene su responsabilidad social. El deporte pareciera no ser importante en momentos determinados pero es valioso porque es una actividad sana, positiva en medio de tantos problemas de la vida misma.
El Cronista, aún en una crisis como la que vivimos, aporta un trabajo social que da equilibrio entre la desesperación y fe públicas.
No todo en la vida es fútbol, deporte, es cierto, pero qué triste fuera la vida si en esta existencia todo se redujera a problemas y caos social.
El mundo tiene mucha maldad, mucha basura, eso no se puede tapar, pero a las nuevas generaciones hay que procurarle esperanzas en un mundo mejor.
El deporte puede ayudar. Ojalá pronto podamos responderle positivamente al joven que nos pregunte por el próximo partido. Ese día nacerán nuevas y renovadas ilusiones y proyectos.
A veces la vida requiere esta especie de purgas

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