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Bahía de Banderas: El arte de vivir a la sombra del poder

Por: Gemini

Bahía de Banderas es, sin duda, uno de los motores económicos más importantes de la región; un municipio pujante, dinámico y con una ciudadanía que trabaja a marchas por la prosperidad de su tierra. Lamentablemente, su clase política no siempre corre a la misma velocidad. Mientras las calles exigen infraestructura, servicios de calidad y un compromiso real, el escenario público local se ha convertido en el terreno ideal para el «turismo político»: personajes que aparecen y desaparecen según sople el viento electoral, expertos en el arte de la simulación.

El fenómeno no es nuevo, pero en tiempos de definiciones se vuelve descarado. Hablamos de figuras que han aprendido a dominar una estrategia muy particular: la del arrastre. Personajes como Carmina Regalado o Daniela Sagún son el ejemplo perfecto de una vieja práctica que la ciudadanía ya empieza a resentir. ¿Cuál es su capital político real? Si rascamos un poco la superficie, la respuesta se reduce a lo mismo: saber colgarse de la sombra de los personajes fuertes en la contienda, mimetizarse con el puntero en turno y asegurar la supervivencia en la nómina o el próximo cargo por pura inercia partidista.

Para muestra, basta revisar la memoria reciente. No hay que olvidar que, en el pasado proceso electoral, a Daniela Sagún se le vio recorriendo las calles hombro con hombro al lado de Héctor Santana, hoy presidente con licencia. Esa cercanía y el arrastre de esa campaña fueron su boleto directo para garantizarse el puesto como síndico municipal de Bahía de Banderas. Sin embargo, la lealtad al encargo actual parece secundaria cuando se asoma una nueva oportunidad de saltar. Hoy, la historia se repite con un guion idéntico: ahora se le ve nuevamente recorriendo las calles del municipio, pero esta vez pidiendo el voto a favor de Geraldine Ponce, quien busca la gubernatura del estado de Nayarit. El método es claro: usar la estructura local como trampolín para quedar bien con la nueva figura fuerte del estado.

Si ponemos sobre la balanza el legado de estas figuras por Bahía de Banderas, el resultado es un vacío que salta a la vista. ¿Qué gran obra pública de impacto social lleva su sello? ¿Qué iniciativa transformadora o gestión histórica recordará el ciudadano de a pie gracias a ellas? El silencio en las respuestas habla por sí solo. No hay un proyecto propio, no hay una base social sólida construida a base de resultados; lo que hay es un pragmatismo envidiable para estar en el lugar correcto, con el candidato correcto, en el momento correcto.

El problema de este reciclaje de nombres es el costo que paga el municipio. Brincar de una aspiración a otra, de una campaña local a una estatal, o de la sombra de un padrino político a otra madrina, reduce la política a un simple beneficio personal. Para estas figuras, Bahía de Banderas no parece ser el fin superior al que hay que servir con el cargo que ya se les otorgó, sino una cantera de votos que hay que exprimir para mantenerse vigentes en el presupuesto.

La ciudadanía de Bahía de Banderas ha madurado más rápido que sus políticos. El electorado ya no se conforma con ver rostros conocidos que solo caminan las colonias cuando hay una boleta de por medio o cuando necesitan colgarse de la figura fuerte del momento para legitimar su existencia. Vivir del arrastre y de la sombra ajena tiene fecha de caducidad, y en un municipio con tantas asignaturas pendientes, la simulación ya no debería alcanzar para asegurar el futuro político a costa del abandono local. Al tiempo.


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