Los Festejos, el valemadrismo y el Covid-19

Por Francisco Javier Villa

Los Festejos, el valemadrismo y el Covid-19

Puerto Vallarta, en Jalisco ya todo está caminando, se olvidaron de la Pandemia que nos trajo el coronavirus, la economía resurge, aunque los contagios, a pesar de ser menores, siguen causando problemas de salud, pero trabajadores, comerciantes y muchos se cuidan como pueden y donde pueden.

En Nayarit, a pesar de que el gobierno estatal dice que estamos con el semáforo en naranja, la situación está muy álgida a la gente le falta esa libertad de ir a donde le pegue la gana en busca de diversión y sustento, no es posible permanecer encerrado mientras tus hijos te piden de comer, aunado a que la educación permanece “virtual” y es necesario atender a los niños, jóvenes y hasta adultos que requieren el cuidado y la atención personalizada, aplicando a los padres de familia “enseñar” a los pequeños estudiantes sin la paciencia que tienen muchos maestros, o sea que por medio de videos, la televisión y como se pueda establecer un vínculo con los aprendices, cuando algunos padres de familia ni siquiera conocen de los temas, o sea que con muchos trabajos aplicaron en la escuela primaria, no saben leer, escribir y ni siquiera entienden la educación a distancia, razón por la que si se mantienen las restricciones escolares, tendremos una generación muy flaca en su educación.

Como le comentaba líneas arriba, en el vecino Puerto Vallarta, todo está abierto, hasta los cines, salones de baile, no se digan bares, cantinas y casinos, no se digan las playas y áreas públicas, tienen un gobernador inteligente emanado de la sociedad, mientras que en Nayarit tenemos un gobernador empresarial, que no ha caminado por las calles de las colonias populares, en donde se encuentra el olor a la pobreza, con calles de tierra y muchas necesidades, de que sirve que Bahía de Banderas compartan playas y el enorme océano Pacifico, con una de las bahías más grandes de Nuestro País, si las restricciones son diferentes, o sea no se miden de igual manera.

Tomamos una parte de lo que nuestro amigo Luis Ángel Ulloa Becerra plasma en un escrito que dice así: “Aunque quien sepa algo de microbiología sabrá que es muy difícil sino imposible mantener un entorno saludable y libre de bichos, sobre todo a la intemperie.

El semáforo de contagios cambio drásticamente de rojo a naranja, lo que significaría que vamos ganando está lucha contra el mentado coronavirus. Alerta de spoiler: no es así. Cerrar los ojos o voltear a otro lado ante el precipicio no hace que desaparezca.

Ser enfermero y trabajar en un hospital conlleva retos que se van superando en magnitud al día siguiente. En momentos parece un sueño, una utopía, un anhelo, una meta imaginarse la hora de entrega de turno, ese momento en el que los problemas y pendientes pasan a ser de otro y ya no propios. El hospital se ha mantenido lleno desde hace varias semanas, al parecer esa es la nueva normalidad, acostumbrarse a que llegarán personas que si no se les brindan cuidados intensivos morirán esa noche, y no poderles ofrecer el servicio porque no hay espacio donde poder ingresarlos.

La nueva normalidad también es ver morir personas en la entrada del hospital o tratar de reanimar con maniobras de RCP a adultos mayores que llegan con rigor mortis. Y aun así anunciar el código azul hacer las compresiones torácicas sabiendo que el abrazo de la huesuda es muy seductor, y apartar a alguien de su beso es cercano al imposible. La nueva normalidad además es ver a personas perdiendo su patrimonio por los gastos de la hospitalización, también es ver a los enfermos de Covid-19 pedir ayuda con los ojos cuando se les está interrogando por síntomas respiratorios en el triage, y verlos dispuestos a mentir para recibir atención porqué escuchan los pasos de la flaca a unos metros detrás de ellos.

Y al mismo tiempo también es ver fiesta familiar y no tanta, con música y grupos musicales celebrando cualquier cosa importándoles poco el hecho de que si alguno de los invitados tiene el virus, el día de mañana será toda la familia quien se enfermará.

Pero vale más un festejo verdad? Cómo vamos a dejar que el bautizo de mi bebé pase desapercibido, si la morrita lo quiere y se va a poner triste si no se lo festejamos con mucha cerveza y amigos ebrios que ella no conoce”.

Así es lo que nos pasa en los pueblos del municipio más joven de Nayarit, que sigue esperando que la autoridad estatal ya deje de hacerle al “Tío Lolo” abra las playas y deje que la economía resurja pues de otra manera no solo el gobierno del estado se declarará en quiebra, sino que también causara daños a la economía de los trabajadores y al pueblo en general.

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