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ANTE LOS NUEVOS SIGNOS DEL MOMENTO

Por: Victor Corcoba Herrero

“Humanamente todos estamos llamados a descubrir la lírica, que no suele estar en el poder
ni en la riqueza, sino en la pequeñez de una flor acariciada por unos labios inocentes de
niño”.

Hay que volver a lo auténtico y destronar de nosotros el territorio de lo incierto. Hacen falta
gentes de verbo y de bien, personas que alienten y alimenten una gran esperanza y posean,
por ello, un fuerte valor y una gran valentía. No caigamos, pues, en la desilusión. Ha
llegado el momento del afán y del desvelo, de aprender de lo vivido y de emprender un
largo viaje siguiendo el sueño de la contemplativa mística, el don precioso de iluminar
nuestra existencia de reencuentros y hallazgos, fusionando cultos y culturas, antes de que
nos arruinemos a nosotros mismos con todo lo que nos rodea. Quizás tengamos que
recogernos, requerir clemencia, ofrecernos a formar y a conformar familia aquí en la tierra,
pero con la mirada puesta siempre en el horizonte del verso.
Hemos de volver a ser poesía de verdad, revolviéndonos hacia sí, para conseguir cambiar
estrofas vivientes. No podemos continuar con este espíritu egoísta, endiosado a más no
poder, precisamos de otro ánimo cooperante más humilde y de servicio. Sin duda, el
modelo colaborativo y cooperativo es una solución crucial para abordar los desafíos
globales. Por consiguiente, será benefactor que las instituciones y agencias de desarrollo
promuevan este solidarizado anhelo, centrado en los humanos, lo que requiere juntar
voluntades para revivir el entusiasmo, a través del hálito formativo, fortaleciendo
capacidades y facilitando además la colaboración internacional. Se trata de armonizar entre
todos el progreso económico, social y anímico de la ciudadanía.
Nuestro destino, se ha de sustentar en usar no sólo las fuerzas físicas, sino también el
ingenio y la perseverancia, como tuvieron los Magos de Oriente emprendiendo un largo
viaje siguiendo una estrella, y que supieron arrodillarse ante un niño y ofrecerle sus dones
preciosos. Esta lección de unos corazones postrados en exaltación, no la podemos olvidar.
Pasan los años, pasa el tiempo, pero el valor de mirar y de vernos por los senderos del
mundo está ahí, iluminándonos de inspiración y alumbrándonos de afecto verídico. A todo
hay que ponerle corazón, también a la ciencia y a la tecnología cuántica, que inunda todos
los ámbitos de la vida de la sociedad humana, incluyendo el clima, la energía, la seguridad
alimentaria y el agua limpia.
Ahora bien, tampoco nos desorientemos. Un poder incontrolado, cualquiera que sea,
procrea monstruosidades y se torna en contra nuestra. En consecuencia, ninguna máquina
debería jamás dominar a un ser humano, hasta el extremo de poner fin a su vida. Quizás
tengamos que poner de nuevo en el centro, la dignidad de la persona y batallar porque esa
dimensión dominadora deje de existir. Sin embargo, ojalá que esos cauces nuevos que están
ahí, para todos, como esa química cuántica que está apoyando el desarrollo de nuestras
vacunas y medicamentos o esa ciencia cuántica fundamental para el desarrollo de nuevos
materiales que impulsan la innovación tecnológica, que además son parte integral de
muchas industrias, sean accesibles para todos.

Son multitud los nuevos signos que se nos acercan, o las nuevas llamadas sumergiéndonos
en la realidad. Porque cada aurora lleva consigo una ruta vivencial, un quehacer en la innata
misión del ser. Lo importante es saber discernir los caminos y tomar el andar adecuado.
Desde luego, no es nada fácil renunciar a lo que seduce. Los Magos no se dejaron engañar
por Herodes. Supieron abrazar el horizonte propicio. Humanamente todos estamos
llamados a descubrir la lírica, que no suele estar en el poder ni en la riqueza, sino en la
pequeñez de una flor acariciada por unos labios inocentes de niño. Es, precisamente, esta
belleza espiritual la que nos carga las pilas del buen deseo, que no es otro que el cultivo del
amor de amar amor; eso sí, poniendo el alma en el cielo y los pies en la tierra.


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