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La izquierda invisible y la derecha inexistente

Por Nayar Araiza López

A ver, a ver, en México no hay izquierda ni derecha. Lo que tenemos es una República sostenida por un Pacto Federal, con un «sistema presidencial» que administra el presupuesto público bajo reglas claras del Derecho Administrativo, amparado en la Constitución General y las particulares de cada Estado.  

Somos, además, una economía dependiente y capitalista (subdesarrollada, sí, pero capitalista al fin) de libre mercado y sometida a la dinámica del comercio internacional. ¿Izquierda? No la veo. Los programas sociales no son socialismo, son políticas públicas de bienestar, que cumplen con la finalidad del Estado, el “bien común” o «bienestar general», el más alto de los bienes según la Teoría del Estado y Aristóteles.

Conviene recordar que existen tres poderes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, independientes entre sí, y tres niveles de gobierno con autonomía, Federal, Estatal y Municipal. Criticar o señalar las fallas de cualquiera de ellos no equivale a estar “en contra” de un gobernante en particular.  

Ejemplo concreto, Héctor Santana García, presidente de Bahía de Banderas por MORENA, su desempeño no se mide por los resultados (o la falta de ellos) del Gobierno Federal de Claudia Sheinbaum, ni por la nomenclatura corrupta de su partido a nivel nacional. Su forma de gobernar, dicho sea de paso, es ejemplo nacional, que se traduce en eficiencia, eficacia, transparencia y rendición de cuentas.  

En resumen, lo reitero, la ideología es un fantasma útil para el discurso izquierdoso y para el debate político, pero la realidad mexicana se juega en la administración pública, en la capacidad de cada nivel de gobierno para cumplir con lo que promete. Lo demás es ruido, y aquí indiscutiblemente que a nivel municipal el alcalde Héctor Santana García es la excepción que confirma la regla, lleva la delantera, no solo en Nayarit, sino en la mayoría de municipios de México. 

La izquierda que vive como monarquía europea • El disfraz republicano de los nuevos príncipes En México, los autoproclamados líderes de izquierda se han convertido en caricaturas de aquello que dicen representar, hoy encumbrados en MORENA, sus élites más visibles exhiben un estilo de vida que contradice cualquier discurso de la austeridad republicana que pregonan.

Así tenemos al junior “Andy” López Beltrán, impuesto en el “politiburó” del partido guinda, por obra y gracia de su señor padre AMLO, (ni Stalin, Musolini, Castro, Hugo Chávez o López Portillo se animaron a tanto, imponer al hijo para asegurar su legado) así como el petulante de Gerardo Fernández Noroña, Mario Delgado, Adán Augusto López  y Ricardo Monreal, por solo mencionar algunos; todos son ejemplos de esta contradicción, rodeados de lujos, viajes de gran turismo, negocios al amparo del poder y propiedades millonarias, mientras se llenan la boca con consignas de igualdad.

La izquierda mexicana, en manos de estos “figurines” de la simulación, no son más que un disfraz, retórica hueca para justificar privilegios y protagonismo vacío, en el ámbito nacional abundan estos farsantes personajes que se autoproclaman de izquierda, acompañados por hordas de fanáticos dogmatizados en las redes sociales, orgullosos de señalar a la “ultra derecha” sin tener la menor idea de lo que significa este concepto, critican la derecha, se dicen de izquierda,  pero sin saber lo que representan sus postulados, mucho menos practicarlos.

El debate ideológico se ha empobrecido en la política en México, ya que a pesar que durante años antes del ascenso de López Obrador y la continuidad con Claudia Sheinbaum, criticaron el ejercicio del poder, al “viejo PRI” y al “PAN”, pero en la actualidad han convertido en sus beneficiarios más cómodos; así que dejémonos de hipocresía, no se puede negar ni rebatir que la izquierda nacional no se distingue por sus principios, sino por su habilidad para vivir como derecha, con discursos de pueblo y costumbres de palacio, con un disfraz republicano, pero de nuevos príncipes tal cual como monarquía europea Va.


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